¡Oh soledad, mi sola
compañía,
oh musa del portento, que el vocablo
diste a mi voz que nunca te pedía!,
responde a mi pregunta: ¿Con quién hablo?
oh musa del portento, que el vocablo
diste a mi voz que nunca te pedía!,
responde a mi pregunta: ¿Con quién hablo?
Ausente de ruidosa
mascarada,
divierto mi tristeza sin amigo,
contigo, dueña de la faz velada,
siempre velada al dialogar conmigo.
divierto mi tristeza sin amigo,
contigo, dueña de la faz velada,
siempre velada al dialogar conmigo.
Hoy pienso: Este que soy
será quien sea;
no es ya mi grave enigma este semblante
que en el íntimo espejo se recrea,
no es ya mi grave enigma este semblante
que en el íntimo espejo se recrea,
sino el misterio de tu
voz amante,
Descúbreme tu rostro, que yo vea
fijos en mí tus ojos de diamante.
Descúbreme tu rostro, que yo vea
fijos en mí tus ojos de diamante.
Los sueños dialogados», IV
Solitudine, sola
compagnia,
musa (e magia) che non richiesta hai dato
quella parola per la
voce mia!,
“con chi parlo?”, rispondi, io t’ho pregato.
Assente da gioiosa
mascherata,
la mia tristezza senza amici io reco,
signora, in tua balia;
sempre velata,
velato il volto conversando meco.
Oggi penso all’essenza
mia segreta;
non è il mio grave enigma quel sembiante
che nello specchio
intimo s’allieta;
altro è il mistero: la tua voce amante.
Scopri il viso;
ch’io scorga la mia meta:
in me fissi i tuoi occhi di diamante.
Antonio Machado, Tutte
le poesie e prose scelte,
traduzioni poetiche di Oreste Macrì, a cura di
Giovanni Caravaggi
*

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