Georgien 2008

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las vi aspirando en la fragancia pura









Poema de amor desesperado 




Todas, todas las tardes con sus fases,
alucinantes y ceremoniosas,
con sus reinos de nubes ingeniosas
lejos de tu presencia son falaces
y fatuas y espantosas.


Las vi con pena, pero atentamente,
como en las galerias, mal pintadas,
se ven sobre las telas arrumbadas,
las guinaldas, las frutas y la fuente
con flores nacaradas.


Las vi en la circular paz de las plazas
donde los arboles escrupulosos
elevan sus follajes venturosos
ocultando en los muros de las casas
balcones tenebrosos.


En vano las he visto y demasiado
a través del cristal enrojecido
de las ventanas, o en un desvalido
jardin entre las rejas olvidado
como un niño perdido ;


debajo de los platanos dorados
las vi aspirando en la fragancia pura
del follaje esa insolita amargura
que solo han de sentir los desterrados
con igual desventura.


Cuando elevan los vientos sus murallas
nocturnas en el agua azul del mar,
yo las he visto en vano iluminar
con esplendores largos, en las playas,
la arena sublunar ;


las vi en la levedad de las espumas,
en los acantilados donde velan,
en las piedras, palomas que revelan
el mar, el aire, el cielo, hechos de plumas,
trémulas, cuando vuelan.


Mientras pensaba en donde vagarias
contemplando las mismas deslumbrantes
virtudes de la tarde, suplicantes,
rutilaban vedadas lejanias
para mi en sus diamantes.


Las vi en los cielos de oro perdurables
con nubes que pendian como flecos
purpureos entre rocas o en los huecos
donde nace en reflejos memorables
la hermana voz del eco.


En sus rosados y altos frontispicios
los Cupidos, los leones, las sirenas
dieron formas de sueños a mis penas
en las molduras de los edificios
que crei ver apenas.


Podria dibujarlas una a una
con sus volutas de humo alambicadas,
en largos arrabales alumbradas
por el fuego naciente de la luna,
con ramas abrazadas.


Como en los libros mas arrobadores
de la infancia, en que todos los objetos
conservan en las laminas secretos
que atesora el amor -- con los colores
de algunos alfabetos --,


grabados por tu ausencia en mi memoria
estan la esfinge, el quiosco verde, el puente,
el terreno baldio en la pendiente,
la rosa, cualquier rosa invocatoria,
y la estatua obsecuente.


En los senderos grises del invierno
estan las plantas del jardin botanico
donde canta un zorzal dulce y tiranico
que podria agravar cualquier infierno
con su canto mecanico.


Estan en las anchas margenes del rio
con suaves y patéticas neblinas,
como en un marco de oro las glicinas,
en la desolacion del caserio
final de las esquinas ;


en el boscaje, oculta esta la flor --
cuyo nombre jamas he conocidos --
esa flor que el silencio ha conmovido
y que satura el aire de frescor.
Oh tardes que no olvido !


Tardes en que las calles habituales
llenas de vanidad y de banderas
tiznan de hollin las placidas palmeras
y el cielo que se mira en los claustrales
patios con sus higueras.


Tardes en que la musica es palpable
como una joya de oro entre las manos,
o un jazmin o el teclado de los pianos
o el agua donde el sol dibuja un sable
de luz en los veranos.


Tardes en que mi oscuro corazon,
al sentir mis tristezas tan ajenas,
se helaba de congoja entre mis venas
viendo la impura representacion
lejana de mis penas.


Cuanta felicidad me prometieron,
cuantos milagros mientras he esperado
que retornen estando yo a tu lado,
no vanas mas hermosas como fueron

en mi amor conjurado.


*



Al rencor


No vengas, te conjuro, con tus piedras;
con tu vetusto horror con tu consejo;
con tu escudo brillante con tu espejo;
con tu verdor insólito de hiedras.

En aquel árbol la torcaza es mía;
no cubras con tus gritos su canción;
me conmueve, me llega al corazón,
repudia el mármol de tu mano fría.

Te reconozco siempre. No, no vengas.
Prometí no mirar tu aviesa cara
cada vez que lloré sola en tu avara
desolación. Y si de mí te vengas,

que épica sea al menos tu venganza
y no cobarde, oscura, impenitente,
agazapada en cada sombra ausente,
fingiendo que jamás hiere tu lanza.

Entre rosas, jazmines que envenenas,
¿por qué no te ultimé yo en mi otra vida?
Haz brotar sangre al menos de mi herida,
que estoy cansada de morir apenas.


*

Diálogo


Te hablaba del jarrón azul de loza,
de un libro que me habían regalado,
de las Islas Niponas, de un ahorcado,
te hablaba, qué sé yo, de cualquier cosa.

Me hablabas de los pampas grass con plumas,
de un pueblo donde no quedaba gente,
de las vías cruzadas por un puente,
de la crueldad de los que matan pumas.

Te hablaba de una larga cabalgata,
de los baños de mar, de las alturas,
de alguna flor, de algunas escrituras,
de un ojo en un exvoto de hojalata.

Me hablabas de una fábrica de espejos,
de las calles más íntimas de Almagro,
de muertes, de la muerte de Meleagro.
No sé por qué nos íbamos tan lejos.

Temíamos caer violentamente
en el silencio como en un abismo
y nos mirábamos con laconismo
como armados guerreros frente a frente.

Y mientras proseguían los catálogos
de largas, toscas enumeraciones,
hablábamos con muchas perfecciones
no sé en qué aviesos, simultáneos diálogos.



*


En tu jardín secreto hay mercenarias



En tu jardín secreto hay mercenarias
dulzuras, ávidas proclamaciones,
crueldades con sutiles corazones,
hay ladrones, sirenas legendarias.

Hay bondades en tu aire, solitarias
multiplican arcanas perfecciones.
Se ahondan en angostos callejones,
tus árboles con ramas arbitrarias.

Alguna vez oí el chirrido frío
de un portón que al cerrarse me dejaba
prisionera, perdida, siempre esclava

de tu felicidad que junto a un río
bajaba entre las frondas a un abismo
de intermitente luz, con tu exorcismo.



*


La llave maestra


La luz de su cuarto me habla de él cuando no está,
me acompaña cuando tengo miedo,
y siempre tengo miedo porque soy valiente;
oye su paso sobre los mosaicos de la entrada
va a su encuentro cuando abre la puerta lentamente
cuando lo espero, y siempre lo espero;
lo mismo es para la luz eléctrica que para la luz del sol,
lo mismo para el sol que la luna o la estrella.
Un tapiz forma la luz complicada
es la vida y siempre la vida.
Si me quedara ciega la vería con mis patas
o tal vez con mi frente cuando llega.
El tapiz no lo forma la luz sino su llegada, el sonido
que cambia de oscuro en claro.
El tablero de la luz tiene varias llaves
pero una gobierna el resto:
se llama la llave maestra.
Del mismo modo el tablero de mi luz
tiene una sola llave que gobierna las otras
la llave que está en sus manos.
Apagaría todas las luces si quisiera
pero yo cierro los ojos para no ver
la oscuridad que podría ser luz
para no herirlo.



*

Las huellas


A orillas de las aguas recogidas
en la luz regular del suelo unidas
como si juntas siempre caminaran,
solas, parecería que se amaran,
en la sal de la espuma con estrellas,
sobre la arena bajo el sol las huellas
de nuestros pies desnudos
tan lejanos, y mudos.
Dejando una promesa dibujada
nuestra voz entretanto ensimismada
se divide en el aire y atraviesa
la azul crueldad de la naturaleza
mientras solos cruzamos
la playa y nos hablamos.










*

Silvina Ocampo








da Poemas de amor desesperado, sonetto IV 



Se di mia vita l’ultimo sospiro
termina con la notte di mia morte,
se non resta nei miei versi un ritiro
per amarti nel tempo e conoscerti;

se delle nostre parole lo spazio
non custodisce un’eco mistico e profondo
che prende nelle ombre il topazio
della luce dei soli di questo mondo;

avrò ragione di creder che ho sognato,
che la vita non è più di questo momento,
che gli altri non esistono e che il lento

trascorrere dei secoli non è passato;
che entro dati storici fallaci
siamo di Dio, di un sogno, mere fasi.