"Recuerdo
Infantil" de Juan de Mairena
Antonio Machado
Antonio Machado
Mientras no suena un paso leve
y oiga una llave rechinar,
el niño malo no se atreve
a rebullir ni a respirar.
El niño Juan, el solitario,
oye la fuga de ratón,
y la carcoma en el armario,
y la polilla en el cartón.
El niño Juan, el hombrecito,
escucha el tiempo en su prisión:
una quejumbre de mosquito
en un zumbido del peón.
El niño está en el cuarto oscuro,
donde su madre lo encerró;
es el poeta, el poeta puro
que canta: ¡el tiempo, el tiempo y yo!
Finchè non suoni un passo lieve
e oda una chiave rovistare,
il cattivo bimbo non s’azzarda
né a fiatare né a respirare.
Il bimbo Juan, il solitario,
ascolta fuga di ratti,
un tarlo dentro l’armadio,
la tignola nella custodia.
Il bimbo Juan, l’ometto,
ascolta il tempo nella sua prigione:
fino al lamento di zanzara
incappata nella ragnatela.
il bimbo nella stanza scura,
dove la madre lo serrò;
è il poeta, il poeta puro
che canta: il tempo, il tempo e io!
Several of
Machado-as-Mairena's writings and poems got collected in a book entitled Juan de Mairena: Sentencias,
Donaires, Apuntes y Recuerdos de un Profesor Apócrifo ("Juan de Mairena: Adages,
Epigrams, Memoranda and Memoirs of an Apocryphal Professor") from which
this poem is taken.
Juan De
Mairena diserta acerca del tiempo:
Porque, ¿cantaría el poeta sin la angustia del tiempo, sin esa fatalidad de que las cosas no sean para nosotros, como para Dios, todas a la par, sino dispuestas en serie y encartuchadas como balas de rifle, para disparadas una tras otra? Que hayamos de esperar a que se fría un huevo, a que se abra una puerta o a que madure un pepino, es algo, señores, que merece nuestra reflexión. En cuanto nuestra vida coincide con nuestra conciencia,, es el tiempo la realidad última, rebelde al conjuro de la lógica, irreductible, inevitable, fatal. Vivir es devorar tiempo: esperar; y por muy trascendente que quiera ser nuestra espera, siempre será espera de seguir esperando. Porque aun la vida beata, en la gloria de los justos, ¿estará, si es vida, fuera del tiempo y más allá de la espera? Adrede evito la palabra “esperanza”, que es uno de esos grandes superlativos con que aludimos a un esperar los bienes supremos, tras de los cuales ya no habría nada que esperar. Es palabra que encierra un concepto teológico, impropio de una clase de Retórica y Poética. Tampoco quiero hablaros del Infierno, por no impresionar desagradablemente vuestra fantasía. Sólo he de advertiros que allí se renuncia a la esperanza, en el sentido teológico, pero no al tiempo y a la espera de una infinita serie de desdichas. Es el Infierno la espeluznante mansión del tiempo, en cuyo círculo más hondo está Satanás dando cuerda a un reloj gigantesco por su propia mano.
Ya en otra ocasión definíamos a la poesía como diálogo del hombre con el tiempo, y llamábamos "poeta puro" a quien lograba vaciar el suyo para enfrentarse a solas con él, o casi a solas; algo así como quien conversa con el zumbar de sus propios oídos, que es la más elemental materialización sonora del fluir temporal. Decíamos, en suma, cuanto es la poesía palabra en el tiempo, y cómo le deber de un maestro de Poética consiste en enseñar a sus alumnos a reforzar la temporalidad de su verso.
*
una quartina finale:
Porque, ¿cantaría el poeta sin la angustia del tiempo, sin esa fatalidad de que las cosas no sean para nosotros, como para Dios, todas a la par, sino dispuestas en serie y encartuchadas como balas de rifle, para disparadas una tras otra? Que hayamos de esperar a que se fría un huevo, a que se abra una puerta o a que madure un pepino, es algo, señores, que merece nuestra reflexión. En cuanto nuestra vida coincide con nuestra conciencia,, es el tiempo la realidad última, rebelde al conjuro de la lógica, irreductible, inevitable, fatal. Vivir es devorar tiempo: esperar; y por muy trascendente que quiera ser nuestra espera, siempre será espera de seguir esperando. Porque aun la vida beata, en la gloria de los justos, ¿estará, si es vida, fuera del tiempo y más allá de la espera? Adrede evito la palabra “esperanza”, que es uno de esos grandes superlativos con que aludimos a un esperar los bienes supremos, tras de los cuales ya no habría nada que esperar. Es palabra que encierra un concepto teológico, impropio de una clase de Retórica y Poética. Tampoco quiero hablaros del Infierno, por no impresionar desagradablemente vuestra fantasía. Sólo he de advertiros que allí se renuncia a la esperanza, en el sentido teológico, pero no al tiempo y a la espera de una infinita serie de desdichas. Es el Infierno la espeluznante mansión del tiempo, en cuyo círculo más hondo está Satanás dando cuerda a un reloj gigantesco por su propia mano.
Ya en otra ocasión definíamos a la poesía como diálogo del hombre con el tiempo, y llamábamos "poeta puro" a quien lograba vaciar el suyo para enfrentarse a solas con él, o casi a solas; algo así como quien conversa con el zumbar de sus propios oídos, que es la más elemental materialización sonora del fluir temporal. Decíamos, en suma, cuanto es la poesía palabra en el tiempo, y cómo le deber de un maestro de Poética consiste en enseñar a sus alumnos a reforzar la temporalidad de su verso.
*
una quartina finale:
Retrato
[…]
Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipage,
casi desnudo, como los hijos de la mar.
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipage,
casi desnudo, como los hijos de la mar.
Ritratto
[…]
giunga il giorno di ultimo viaggio,
parte la nave per mai più tornare,
mi troverai leggero di equipaggio,
quasi nudo, come i figli del mare.
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